A mi Musa, que escribe en mi alma y me regala el tintero de su corazón...
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lunes, 23 de abril de 2012

Siete vidas

Estrenado nueva sección: CUENTOS

Rafael, amigo mío, voy a contarte mi historia, la historia de mi primer amor, del amor de mi vida, de mi único amor, del amor de todas mis vidas.
Caminando por las calles oscuras iba yo, como tantas veces, lejos de las luces de las grandes avenidas. Mis pies seguían un camino azaroso –creía yo- pero ese recorrido está predeterminado, por quién sabe qué destinos ya escritos, destinos guía, destinos presentes como marcas a mi alrededor. Y por ello, creo que siempre iba por los mismos lugares.
La vi por primera vez, en verdad, más que ver, la reconocí, sí, la reconocí por el olor. Su aroma me era familiar. ¿Tal vez el perfume de mi madre?, me dije. Los hombres tenemos recuerdos latentes de una temprana infancia que es marca indeleble. Y una atracción irrefrenable hizo que la siguiera en forma obsesiva, como un detective que necesitaba saber más. Así, descubrí dónde moraba. Y la esperé cada mañana con el alma prendida de un alfiler. Iba detrás de ella, a pasitos cortos, cautelosos. Seguía casi todas sus acciones de cerca. No quería que nada de ella se me escapara e iba como sorbiendo su ser cada vez más.
Un día, algo inesperado sucedió. Como de costumbre, estaba yo en la calle, cerca de ella, cuando de pronto un perro me asustó terriblemente. Preso de un pánico aterrador, de un sólo salto me subí a un árbol. Y me mantuve allí por unos segundos, haciendo equilibrio, pero con tan mala suerte que resbalé y caí al suelo, muerto de vergüenza y llenándome de magullones. Nunca supe de dónde me vino tal fobia a los canes. Desde siempre, apenas veía uno, iniciaba una alocada carrera en sentido contrario. ¿Me habrá mordido alguno cuando niño?
Y de ese modo, Rafael, luego de ese fortuito evento desafortunado, que ahora recuerdo con cariño, comenzó para mí el fin de mis andanzas de detective y el principio de mi entera felicidad, de esa felicidad a la que yo estaba predestinado.
Pero también, amigo mío, un sustrato de dolor amargo cruzó mi paladar. Haceme tuyo, acordate de mí…, pensé, sin entender demasiado lo que estaba sucediendo. Porque ella, que debía despreciarme por tal acto de cobardía, por el contrario, se apiadó de mí. Me miró con ternura infinita, curó mis heridas y me llevó a vivir con ella.
Por aquel tiempo, la dicha se apoderó de mí por completo. Ella me colmaba de caricias que erizaban mi piel y me preparaba cenas exquisitas. Lo que más amaba era su olor, su calor, ése que regeneraba para mí su regazo cuando yo me acurrucaba en él como un niño.
La esperaba todas las tardes, latiendo con ilusión, sentado en su sillón favorito. Y cuando la puerta se abría dando paso a su anhelada silueta, todo mi cuerpo temblaba en un gran espasmo de emoción.
Pero un buen día, mejor dicho, un mal día, un día de esos que nunca hubiese querido vivir, ella volvió acompañada y a partir de ese momento, la visita de ese desconocido se repetía a diario, hasta que descubrí desolado que en la casa, con nosotros, ya vivía otro hombre y ocupaba mi lugar en su cama. Yo estaba brotado de ira, invadido por la rabia y los celos de una furia titánica. Los pelos se me volvían púas cuando lo veía y le hice frente todas las veces que ella me lo permitió, porque luego, comenzó a encerrarme en una habitación contigua.
No obstante, cuando el otro se marchaba a trabajar, ella me liberaba, me hablaba dulcemente y me servía leche tibia hasta que mis bigotes se teñían y mi alma se aquietaba. Luego, yo ronroneaba entre sus faldas y no dejaba de soñar bajo el acunar de sus manos suaves sobre mi piel. Soñaba en mosaicos, que caminábamos por esos callejones negros, lejos de los ruidos, lejos de otra gente, lejos de peligros, libres, tan libres… En esos precisos instantes sabía quién era yo, sabía que ya la conocía de antes y sabía que la volvería a encontrar, una y otra vez, en cada una de mis siguientes vidas.
Y en una oportunidad de esas, por fin supe, Rafael, que mi amor por ella era eterno, pero también supe que jamás iba a ser tan mía como yo lo era de ella. Supe, querido amigo, que siempre sería mi dueña y, con esa amargura de la que antes te hablé, comprendí que yo nunca iba a ser el suyo. Y lamiéndome la pata derecha, con el maullido quebrado, suspiré muy hondo y acepté mi destino animal…
Fin
SILBMAR

jueves, 5 de abril de 2012

Manicomializables

Gente.

Gente que “siento el miedo del mundo”.

Gente que “instalo códigos para poder moverme entre la gente, para tomar un colectivo, para trabajar”.

Gente que “no comprendo esta sociedad”.

Gente que “¿Por qué vale más un peso que un beso?”.

Gente que “escribo un poco y otro poco me lo guardo, para que no me lo hagan callar”.

Gente.

Gente que: -¡Tirá ese guiso a los perros! -le dijo la voz al diabético.

Voces insultivas: -¡Degenerado! ¡Basura!

Gente de alta moral.

Gente muy exigida.

Gente que: -Soy el arcángel Gabriel. Tengo la misión de cuidar niños y embarazadas.

Gente.

Gente que pide cigarrillos, monedas,

una palabra.

Gente que ya no pide nada.

Gente que deambula.

Gente que en la quietud se siente.

Gente.

Gente que: -Mi vecino me mira a través de las paredes.

Gente que: -¡Aflojá! –mientras le tocaba la espalda a gente que se ahorcaba y su cara iba quedando morada.

Gente.

Gente que está cansada de ser mirada.

Gente que está cansada de ser enjuiciada por su fachada.

Gente que ya está cansada.

Gente.

Gente que tiene verdades para decir.

Gente que ya no tiene para decir nada.

Gente.

Toda gente que si la escuchás bien,

Te hace caer de lágrimas.

Silbmar

http://eu-hambruna.blogspot.com.ar/

viernes, 2 de diciembre de 2011

El oso hormiguero avioleta


Había una vez un oso hormiguero anaranja que se creía,
que se creía
muchas cosas, cosas, cosas, cosa.
Se arrojaba aba ava,
a piletas sin agua, agua, agua.

Pero un día vino un ada, hada, hada
y saben ¿cómo se llamaba?
……………[1], sí, sí, sí.

¿Y saben lo que hizo, el pequeño monoliso?
Le enseñó a arrojarse, arse arse,
A piletas con calce, calse, marse, amarse, atarse, darse.

Este cuentito, está dedicado a la gente seria, muy seria,
con panza, con pinza, con calzas, con vinchas, con cincha,
con lincha, con cinta. Y de ningún modo, modo, moco,
dejate los mocos, a los mocosos, no, no, y no.



SILBMAR



[1] Coloque el nombre y apellido del niño/a a quien se lo va a leer.

jueves, 24 de noviembre de 2011

A ellos

A los niños
a ellos, sólo a ellos.
Bueno, no tanto…
Si alguno gusta de mi
basura, allá ellos
pero lo mejor de mi
a los niños, a ellos
A los que pintan mi
corazón de amarillo,
A los que hacen crecer
hojitas de árboles
en mi cabeza.
A ellos
A ellos
A los que me ponen
alitas en las piernas,
A los que me hacen
correr
con alegría,
A los que me hacen
patear una pelota,
A los que me hacen
cantar con emoción.
A ellos.
A ellos,
les debo la vida.
SILBMAR

domingo, 13 de noviembre de 2011

I

A los que matan en prisión

A los que suicidan

A los que creen que la vida es un juego

A los que no saben del valor de una palabra

A los que veneran obras y se cagan
en quienes las hicieron

A esos
                     No les escribo


II

A los que saben que la
vida no es un juego

A los que tienen siempre una
palabra

A los que saben del dolor ajeno

A los que se cagan en la obra y
veneran a quienes la hicieron

A los que están aunque no los
llames
                     ELLOS, no necesitan que les escriba.


III

Y entonces…?
                     A quién le escribo…

A los desesperados

A los dolidos

A los que están por apretar el
gatillo

A los que no saben si romper su
obra o romper su vida.

A los que no saben si con su obra
rompen su vida.

Pero ELLOS
                     Tampoco necesitan
                      porque ellos no leen
                      ELLOS escriben.


IV

YA SÉ
               YA SÉ PARA QUIÉN ESCRIBO
                       ESCRIBO PARA EL VIENTO
                       ÉL ES UN BUEN TESTIGO.

SILBMAR

sábado, 12 de noviembre de 2011

I

A los alcohólicos
A los albañiles
A las lavanderas del Laverrap
A los que limpian los baños públicos
A los que limpian
la mierda de su anciana madre

A ESOS
                     A ESOS

A los recolectores de basura
A las empleadas domésticas
A las prostitutas
A los colectiveros que escuchan música en los colectivos
A los tacheros

                     A ESOS
                                  A ESOS
                                                MI MAYOR DE LOS RESPETOS


II

PERO HAY
GENTE
CULTA
en el mundo

A los médicos
A los que trabajan en los manicomios
A los enfermeros

                     POR ESOS
                              POR ESOS
                                       ME SACO EL SOMBRERO


III

A los que llegan
tarde
A los que hacen
Esperar
A los que manejan a
toda velocidad

                     PARA ELLOS

A los que se llenan de
empleadas domésticas
A los que no se
conmueven
por el dolor
ajeno
A los que viven como
si fuesen
eternos

                     PARA ELLOS
                                PARA ELLOS
                                           TAMBIÉN HAY,
                                           TAMBIÉN HAY
                                                             PARA ELLOS.


SILBMAR
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